Con la venia de la presidencia;

Compañeras y compañeros diputados,

Nuestra historia es, sin duda, un relato de resistencia y superación. En 1821 culminó la lucha por la independencia, un proceso que, a pesar de sus dificultades y sacrificios, nos permitió consagrar la libertad de nuestra patria.

 Sin embargo, aquella libertad no fue suficiente para consolidar un México fuerte y justo. En medio de ese contexto, surgieron figuras que marcaron el rumbo de la nación. Entre ellas destaca Benito Juárez, un hombre cuya vida y obra transformaron para siempre la historia de México.

 Benito Juárez nació en Oaxaca, en condiciones de pobreza y marginación. De origen indígena zapoteca, vivió en carne propia las injusticias de su tiempo. Sin embargo, su determinación, su disciplina y su profundo sentido de justicia lo llevaron a superar innumerables obstáculos.

 Su espíritu firme y su compromiso con la causa liberal fueron clave para la transformación del país. Juárez no solo defendió sus ideales, sino que también demostró una gran capacidad para sostener el funcionamiento del gobierno en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia.

 Entre sus mayores legados destacan las Leyes de Reforma, la restauración de la República y la consolidación del Registro Civil, pilares fundamentales del Estado mexicano moderno.

 Su célebre frase: "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz", sintetiza con claridad su visión de un país justo, democrático y en armonía.

 Por ello, la figura de Benito Juárez trasciende los libros de historia. Su legado fue fundamental para consolidar a México como una república libre, democrática y regida por el Estado de derecho; su ejemplo permanece vivo en la conciencia nacional.

 Hoy, al recordar su historia, entendemos que la construcción de México es un proceso continuo. La lucha de Juárez no pertenece solo al pasado; sigue vigente en los valores que defendió, como la justicia, la igualdad y la paz.

 Su vida nos enseña que el origen no determina el destino. Fue un niño indígena, que vivió en condiciones adversas, pero con esfuerzo y convicción logró convertirse en abogado, gobernador, legislador, presidente de la Suprema Corte y, finalmente, Presidente de la República.

 Su historia es prueba de que se puede salir adelante, de que la educación transforma vidas y de que la perseverancia puede vencer cualquier obstáculo.

 Hoy queremos que su ejemplo inspire a las nuevas generaciones. Que cada niña y cada niño encuentren en Juárez una razón para creer en sí mismos y en el poder de construir un mejor país.

 Sigamos su ejemplo de dignidad, de compromiso y de amor por nuestra patria. Continuemos construyendo una sociedad en la que todas las mexicanas y mexicanos tengan la oportunidad de desarrollarse plenamente, sin importar su origen.

Es cuanto, muchas gracias.