Con su venia, diputado Presidente.

A lo largo de nuestra vida, todos hemos obtenido experiencias proporcionadas por personas que nos han ayudado a superar varios obstáculos, con el objetivo firme de proporcionarnos herramientas para cumplir con nuestras metas. Su esfuerzo, tenacidad y vocación, contribuyó en gran medida al desarrollo de nuestra personalidad.

Sí, estoy hablando de nuestros maestros, mujeres y hombres que observaron nuestras destrezas y habilidades, al mismo tiempo que potencializaron el desarrollo de valores, cualidades y calidades en todos nosotros, para ser mejores personas, para ser mejores ciudadanos y mejores profesionistas.

En este sentido, la docencia es una de las profesiones más antiguas y nobles en la historia del mundo. Los hombres y mujeres que deciden incorporarse al mundo de la docencia, lo hacen motivados por una enorme vocación de servicio.

Un profesor sabe que formar a un individuo no constituye un trabajo fácil y que no recibirá fama NI enormes cantidades dinero de dinero por su labor. Sin embargo, estas mujeres y hombres obtienen la satisfacción del deber cumplido.

La formación profesional de un docente implica años de estudio a nivel licenciatura, ya sea en las escuelas Normales para Maestros o en las Universidades Pedagógicas, siendo esto solo el inicio de su formación, pues un docente debe tener una formación continua.

Su trabajo no concluye en un aula de clases. El término de su día de labores se alarga por la necesidad de preparar la clase del día siguiente. Sus vacaciones se interrumpen por preparar los próximos ciclos escolares y, pese a ello, no se les pagan horas extras por esos servicios tan necesarios para la comunidad.

Estos aspectos son los que ponen a prueba la vocación del maestro y en México tenemos grandes referentes.

Para poder mejorar nuestro sistema educativo, debemos atender y entender que, como sociedad, hemos sufrido enormes cambios respecto a la forma y medios de interactuar. Las nuevas generaciones conciben el mundo de diferente manera, desarrollan su pensamiento mediante otros métodos, por lo que el ejercicio de la labor docente se complica y por ello es de suma importancia hacer una redefinición total del rol del docente, de su desarrollo profesional y de su formación.

El profesor del siglo XXI debe aprender a dejar de ser un experto, un director de orquesta que simplemente vacía conocimientos en sus alumnas y alumnos. Debe convertirse en un educador, es decir, un facilitador y un mentor que no solo informa, sino que forma, que les de a los niños y jóvenes las herramientas para investigar, descubrir, crear e innovar.

Afortunadamente, en esta ciudad capital, así como en todo México, contamos con docentes investigadores, hombres y mujeres excepcionales que desarrollan el conocimiento, proponen y generan innovaciones en sus áreas de conocimiento, proporcionando un legado que servirá como impulso a las nuevas generaciones.

A todas y todos ellos, mi más grande y sincero reconocimiento.

Compañeras Diputadas y Diputados:

Me llena de una gran felicidad el poder hoy dirigirme ante ustedes para celebrar el reconocimiento que hoy entrega el Congreso de la Ciudad de México al personal docente, mujeres y hombres que a lo largo de su trayectoria académica se han distinguido por su calidad a través del ejercicio de la docencia y la investigación, como un ejemplo a seguir por su alumnado y sus colegas.

Gracias a sus esfuerzos invaluables, su actividad académica se ha reflejado en la formación integral de la población estudiantil con la más alta calidad, con conocimientos, habilidades, actitudes y valores que les permitirántener el mejor de los desempeños en su vida futura y que contribuirán al mejoramiento social, económico, político y cultural de nuestra querida Ciudad.

¡MUCHAS FELICIDADES!

Gracias por su atención.

Es cuánto, Sr. Presidente.

PARTIDO VERDE